¿Porqué nos cuesta tanto ahorrar e invertir?

Adriana Robledo

Todos en cierta medida somos consientes de los beneficios del ahorro y la inversión. Sabemos que si ahorramos podremos contar con suficiente dinero para cubrir un imprevisto o una emergencia, cambiar de carro o hacer un viaje sin necesidad de endeudarnos.

También sabemos que al invertir, podremos crecer nuestro patrimonio y asegurar una buena calidad de vida en la vejez. En otras palabras, sabemos que el ahorro y la inversión son claves para lograr nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo, pero ¿por que nos cuesta tanto hacerlo?

La realidad es que los seres humanos, a la hora de tomar decisiones financieras somos mucho más emocionales que racionales. El éxito financiero, aunque requiere de cierto nivel de conocimiento, es principalmente una habilidad blanda, es decir, una habilidad emocional o de comportamiento y no una habilidad técnica. El 80% de nuestros resultados financieros dependen de nuestra inteligencia emocional y solo el 20% dependen de nuestra inteligencia financiera. Esto quiere decir que como nos comportamos es más importante que lo que sabemos.

La buena noticia es que la economía del comportamiento y más puntualmente, las finanzas conductuales, nos ayudan a entender por que nos comportamos como lo hacemos y nos dan herramientas para tomar decisiones de acuerdo a nuestros propósitos financieros y no de acuerdo a nuestras emociones e impulsos.

La economía tradicional, que es la ciencia social que estudia cómo las personas, familias, empresas y gobiernos toman decisiones y administran sus recursos con el fin de satisfacer sus necesidades, basa su teoría en el supuesto de que somos seres racionales y que todos contamos con cierto nivel de información.

Pero la realidad es que aunque sí tenemos la capacidad de razonar, también somos seres emocionales, con situaciones, problemas, gustos y preferencias diferentes, expuestos a tentaciones y susceptibles a cometer errores, no somos computadores que toman decisiones basados en datos o en cálculos matemáticos.

Por otro lado, está lo que hoy se conoce como economía conductual o economía del comportamiento. Ésta, une la teoría de la economía tradicional con la psicología, para así entender el comportamiento del ser humano en temas como la salud, la educación y las finanzas, entre otros. La economía del comportamiento es aplicable en muchos campos, tanto a nivel personal como a nivel social, empresarial y gubernamental. Dentro de la economía conductual están las finanzas conductuales que se enfocan en el comportamiento humano en temas como la administración del dinero, el endeudamiento, el ahorro y la inversión.

Para entender mejor qué es lo que nos impide ahorra e invertir, primero debemos entender cómo funciona nuestro cerebro. Daniel Kahneman, psicólogo experto en economía conductual, explica el funcionamiento del cerebro a través de dos sistemas. El sistema automático y el sistema racional. El sistema automático es rápido, instintivo y emocional y el sistema racional es lento, lógico y reflexivo. Cuando respiramos, nos lavamos los dientes o montamos en bicicleta, estamos usando el sistema automático. Para hacer este tipo de cosas no tenemos que pensar, lo hacemos rápidamente y en muchos casos de manera instintiva. Cuando estamos escribiendo algo, resolviendo un problema matemático o planeando nuestras próximas vacaciones, estamos usando el sistema racional. En este caso, sí necesitamos pensar y es un proceso mucho más lento.

El cerebro ejecuta millones de procesos mentales todo el tiempo y por eso busca siempre la eficiencia automatizando la mayor cantidad de procesos posibles. Imagínate por un momento que para bañarnos, levantarnos de la cama, o para dar cada paso mientras caminamos tuviéramos que pensar; estaríamos colapsados.

Cuando estamos aprendiendo algo necesitamos del sistema racional, pero una vez se aprende, se hace a través del sistema automático, como por ejemplo, montar en bicicleta, ya que mientras estamos aprendiendo tenemos que pensar en como coordinar los pedales, el equilibrio, la dirección, etc., pero una vez aprendemos, todo esto lo hacemos sin necesidad de pensar. Lo mismo pasa con los hábitos, inicialmente nos cuesta un poco más hacerlo, pero una vez se convierte en un hábito lo hacemos de manera automática.

Como parte de la necesidad del cerebro de automatizar, se da lo que en economía del comportamiento se llaman sesgos conductuales. Los sesgos conductuales son atajos mentales que ayudan a simplificar el proceso de toma decisiones, son muy útiles a la hora de actuar rápido, pero te alejan del pensamiento racional, tan relevante a la hora de tomar decisiones financieras.

Ahora, ¿qué relación tiene todo esto con nuestras finanzas personales y más puntualmente con el ahorro y la inversión? Cuando nos sentamos a hacer un presupuesto o un plan de ahorro e inversión estamos usando principalmente el sistema racional, pero cuando vamos caminando por un centro comercial y vemos algo que nos gusta en promoción, estamos usando principalmente el sistema automático y actuamos de manera emocional, y lo mas seguro es que tomemos la decisión de comprarlo, incluso aunque hayamos acabado de hacer un plan de ahorro y sepamos que comprarlo no es lo mejor para nuestras finanzas en ese momento. El sistema automático, influenciado por uno, o varios sesgos conductuales, es el que nos impulsa a comprarlo, el sistema racional es el que después nos hace reflexionar sobre lo que hicimos.

Conocer cuales son los sesgos conductuales que nos dominan nos puede ayudar a diseñar estrategias que nos permitan actuar más de acuerdo a nuestros objetivos y menos de acuerdo a nuestros impulsos y emociones. Hoy te comparto cuales son algunos de los sesgos conductuales más comunes para que empieces a identificarlos y a trabajar en contrarrestarlos.

SESGOS CONDUCTUALES:

Sesgo del presente: Es la tendencia a darle más importancia al presente a la hora de tomar decisiones. Este sesgo hace que prefiramos la gratificación inmediata frente al beneficio futuro. Como el ahorro y la inversión no generan un beneficio tangible en el presente, preferimos gastar en cosas que nos dan satisfacción hoy, dejando el ahorro y la inversión para después.

Sesgo de procrastinación: Es la tendencia a querer dejar para después lo que parece difícil, complicado o aburrido. Este sesgo nos hace pensar que después será mucho más fácil hacerlo, pero esto es sólo una ilusión. Por este sesgo decimos cosas como “el próximo mes, empiezo a ahorrar” pensando que el próximo mes todo será diferente, pero no es así. En el caso de la inversión, por ejemplo, generalmente debemos investigar, hacer un análisis detallado, revisar contratos y hacer ciertos trámites que pueden generar resistencia haciendo que prefiramos posponerlo.

Sesgo del optimista: Es la tendencia a tener una visión demasiado positiva del futuro. Este sesgo nos hace pensar que nunca tendremos un imprevisto, una crisis o una dificultad económica y por lo tanto, no vemos el ahorro como necesario. Es una de las razones por las que las personas no tienen un fondo de emergencia, no ahorran para la jubilación, no compran seguros y asumen riesgos demasiado elevados en sus inversiones.

Aversión a las pérdidas: Es la tendencia a evitar perder. Este sesgo se da ya que el sufrimiento o dolor asociado a una pérdida es más intenso que la satisfacción que genera una ganancia equivalente. En otras palabras, es más intenso el dolor que sentimos al perder 50 dólares que la satisfacción que tenemos al ganar los mismos 50 dólares. Cuando estamos sesgados por la aversión a las pérdidas, tenemos miedo de invertir nuestro dinero ya que existe el riesgo de perderlo y preferimos no hacerlo perdiendo grandes oportunidades de crecer nuestro patrimonio.

Sesgo delstatu-quo: Es la tendencia a no hacer nada, a no querer cambiar o mejorar algo que no está funcionando bien o que puede funcionar mejor, con el objetivo de evitar los riesgos o el trabajo asociado al cambio. Según Kahneman, este sesgo es el efecto del sesgo de aversión a las pérdidas, que explica que las personas prefieren no hacer nada ante la posibilidad de perder. También se da como consecuencia del sesgo de procrastinación ya que cuando procrastinamos, al final no hacemos nada. Por este sesgo es que pagamos por suscripciones que no usamos, preferimos seguir pagando que tomarnos el trabajo de cancelar la suscripción.

Como éstos, existen muchos otros sesgos que influyen en cómo nos comportamos en el día a día con nuestras finanzas. La buena noticia es que, aunque estos sesgos son automáticos y se dan de manera inconsciente, hay herramientas y estrategias que nos pueden ayudar a contrarrestarlos.

CLAVES PARA CUMPLIR TUS PROPÓSITOS FINANCIEROS

Una de estas herramientas es el presupuesto y el flujo de caja. El presupuesto no está diseñado para limitarte, todo lo contrario. Cuando eres consiente de tu presupuesto, te proyectas en el tiempo y sabes priorizar, tienes el poder de elegir como disfrutar de tus ingresos. Hacer un presupuesto te permite gastar inteligentemente, con responsabilidad y sin remordimientos.

Al hacer tu presupuesto, además de gastos incluye también un monto mensual destinado al ahorro y asegurarte de hacer este ahorro todos los meses antes de empezar a gastar. Ahí está la clave, hacer el ahorro al principio del mes, antes de gastar. Así tienes cubierto, tanto el gasto para tus necesidades básicas y para disfrutar hoy, como el ahorro para el futuro, contrarrestando así el sesgo del presente.

Si además de incluir gastos y ahorros tienes en cuenta todos los imprevistos del último año, serás consciente de la posibilidad de nuevos imprevistos en el futuro. Esto incrementará la probabilidad de ahorrar para imprevistos contrarrestando el sesgo del optimista.

Una vez tengas listo tu presupuesto, incluyendo gastos, ahorros e imprevistos, puedes programar una transferencia automática mensual del monto que tienes presupuestado ahorrar hacia un fondo de inversión, esto puede ser de gran utilidad para evitar la procrastinación, pues sólo se requiere de un pequeño esfuerzo una vez. Al delegar la responsabilidad al banco y automatizarlo, la procrastinación desaparece. Esta ultima estrategia no solo contrarresta este sesgo, sino que te permite usar el sesgo del statu-quo a tu favor. Una vez programas el ahorro, este se convierte en una opción predeterminada y tu cerebro va a preferir no hacer nada para cambiarlo.

Otra estrategia muy conocida en el ámbito de las finanzas conductuales es el programa creado por Shlomo Benartzi y Richard Thaler, expertos en finanzas conductuales, llamado Save More Tomorrow (ahorra más mañana) que se basa en la siguiente premisa: “si te cuesta demasiado ahorrar hoy, espera a que te suban el salario”. Esto contrarresta el sesgo de aversión a la perdida y el sesgo del presente, pues el ahorro se percibe como un sacrificio o una pérdida; tienes que dejar de disponer de un dinero que tienes hoy para ahorrarlo o invertirlo en algo que dará frutos en el futuro y que es incierto. Pero si empiezas a ahorrar cuando te incrementen el salario no se sentirá como una pérdida, pues tu nivel de gasto no se ve afectado, al contrario, puedes incrementar tanto el gasto como el ahorro.

La educación financiera cobra gran importancia al desarrollar un plan de ahorro e inversión, pues es el momento en el que somos racionales y tenemos la capacidad de diseñar planes de acuerdo a nuestros objetivos. Pero la clave está en la manera como llevamos estos planes a la acción. Para comportarnos de acuerdo a nuestros planes, necesitamos desarrollar inteligencia emocional, así como aprender a identificar cuáles son los sesgos conductuales que más nos limitan al actuar, e implementar estrategias que nos ayuden a contrarrestarlos.

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